Dentro de las diversas clases de museos que existen, se puede encontrar una tipología definida por su carácter mixto. Dentro de esta tipología se hallan las Casas-Museo de los escritores, espacios que incorporan, como bien indica su propio nombre, la peculiaridad de haber servido de residencia al artista o personaje destacado celebrado como tal por medio de una exhibición de carácter museístico. A día de hoy es posible encontrar recogidas en el territorio español alrededor de unas setenta instituciones dedicadas a la puesta en valor del patrimonio escrito y la conservación y difusión del recuerdo de algunos de los más importantes literatos del país, la mayoría de las cuales pueden adscribirse a esta categoría de Casas-Museo.
Hay que tener presente que, si bien en el s. XVIII las colecciones aún respondían a conceptos de carácter de gabinete, en estos momentos se pueden encontrar ya la conservación y la exhibición como funciones primordiales. Junto con esto, una función inherente al Museo desde su creación como institución de carácter público, ha sido la clasificación (paso previo necesario para la muestra de dichas colecciones) o, por extensión, la investigación. Con el transcurso del tiempo, y a la par que avanza la técnica, estos aspectos han ido variando, evolucionando. Pero no sólo esto, sino que, además, el cambio en la sociedad y en el pensamiento han posibilitado el desarrollo de una mejor comunicación y el ofrecimiento de un deleite asociado al conocimiento de la obra.
Recordemos que durante el s. XIX se producirá en toda Europa un movimiento pedagógico educacional al hilo de una serie de nacionalismos, que se generalizará a partir de la Exposición Universal de Viena, afectando a muy diversos ámbitos y también a los museos.
Surgen los primeros Museos pedagógicos, con la finalidad de fomentar la didáctica en líneas generales, que planteaban el hecho de que las colecciones debían servir también para la educación y que permanecerán hasta la llegada de los Institutos pedagógicos.
Esta corriente de opinión de la función educativa de los museos alcanzará su máximo desarrollo en la Norteamérica de los años 30 con el surgimiento de un gran número de museos privados (cuantas más actividades proponga el centro, más gente acudirá y mayor será el conocimiento y prestigio del centro).
En Europa, en cambio, los museos que son mayoritariamente públicos, consideraban esta necesidad menor, aunque ya durante la II República en España comenzará a asomar el interés por los programas educativos, tendencia que se generalizará en todo el mundo a partir de la II Guerra Mundial, considerándose ya la educación, desde las instituciones oficiales, como un factor fundamental dentro de los museos.
Además, a raíz del nacimiento del ICOM (The International Council of Museums-Consejo Internacional de Museos) y las primeras definiciones de museos, surgirá también la idea de deleite asociada a estos centros.
Así, se puede decir que desde la configuración moderna del museo, éste ha venido realizando una serie de funciones indispensables para la salvaguarda y el conocimiento del patrimonio histórico-cultural, con la evolución que ha supuesto la concepción de los primeros museos como lugares de reunión y conservación de piezas hasta la idea actual de espacios enfocados hacia la educación y recreación del público visitante.




